Una de las aristas más importantes de la afectividad es la Ternura.
En un mundo donde vivimos de prisa, vertiginoso y voraz da la impresión que no hay tiempo para cultivar esta maravillosa expresión de la afectividad.
La condición sine qua non para manifestarla es ser dueños de nosotros mismos, tener paz interior. ¡Qué magnífico es hacer sentir a la persona que amamos querida, respetada, cuidada, mimada, apreciada en su real dimensión!
Buscar la alegría y el contento del otro en detalles pequeños hace de lo cotidiano en cuanto a la afectividad se refiere, un hecho divino.
El amor es físico, parte de un hecho psíquico y también espiritual.
La pasión forma también parte del amor, pero combinada con la ternura, se completa en una fusión única e irrepetible. Sofisticada y refinada. Elegante, sutil y es el éxtasis verdadero sobre el que se asienta un gran amor. La comprensión forma parte del reino del amor, ese que perdura en el tiempo y en el espacio y se convierte en regocijo para el cuerpo , paz para la mente y néctar para el alma.
Dichosos aquellos que alguna vez hayan percibido estos sentimientos. . ..
Más si aún esperas que te suceda nuevamente. . . abre la puerta a tu corazón y estemos atentos en cualquier momento, esa completud que esperamos en la verdadera fusión con el otro llegará. . .
Que sea sutil, que sea la manifestación más elegante. . . un verdadero placer para los sentidos y motivo de paz para nuestro ser, porque no creo en el amor que hiere, creo en un amor que sana, que nutre, que comprende, que alimenta porque nos llevará a la plenitud de Ser con el otro, con alegría y felicidad.
Habitualmente se dice “Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana”. . . no nos conformemos con menos, no nos aferremos por miedos, aspiremos a más. . . .
Que nuestros sueños sean también ensueños de puro y verdadero amor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario